miércoles, 14 de agosto de 2013

Reflexiones Sobre Cultura VI

LA INDUSTRIA CULTURAL

¿UN MERCADO URBANO?

Luego de las discusiones elaboradas a raíz del planteamiento de la posibilidad de contemplar la cultura y sus elementos, como la materia prima de un mercado de consumo para propios y extraños se nos pone en la mesa el panorama lo que podríamos llamar la mutación del Homo Sapiens, que en un Homo Urbis, siendo ahora este, un nuevo individuo que ha pasado de la masificación, a la individualidad extrema, encerrándose en la sala de su casa a ver televisión, desde el consumo de un entramado de productos, sensaciones, lenguajes, costumbres etc; Se suscita un nuevo concepto de cultura, que no pretende ser reconocido como cultura, sino como producto.

Los medios de comunicación ya dejaron de ser esa “caja mágica” en la que podíamos encontrar la respuesta a lo que no sabíamos, en la que todo el tiempo recibíamos de balde una serie de informaciones que sin clasificar y sin interpretar adecuadamente, nos iban a avocar, (y nos tienen ya) sumergidos en un mundo paralelo, en un nuevo sistema solar en el que los planetas son Colombia, Estados Unidos, Europa, Internet, la música, Madonna, Daddy Yankee; y que la nave espacial para viajar a través de ellos es tan solo un teclado de computador, un Mouse o un I Pod, siendo este viaje la única alternativa para que el hombre tecno- moderno se busque a si mismo, en medio de la lucha por no sucumbir ante el influjo informativo.

La tendencia a individualizarse en medio de un mundo que lo que busca es agrupar, congregar, aglutinar pareciera contradictorio, pero asi lo vemos en nuestras calles, donde vemos caminar a todos atados al cordón auricular de un sus reproductores de audio, o en una eterna conversación aparentemente monológica con su celular, cuando no es que vemos a quien va en auto, y con el manos libres, nos da la impresión de que va hablando solo.

Pareciera ser que el asunto tiene un punto de partida en la eterna discusión lo público y lo privado, lo popular y lo masivo, “lo culto o lo inculto”. Basta con reconocer, que si observamos detenidamente nuestros entornos, cada vez mas las posibilidades tecnológicas y la interacción con el mundo que ofrecen os medios, nos va separando (a mi modo de ver) de nuestros consumos más autóctonos, pues si lo público es lo que “todos sabemos que es así” y lo privado es mi forma particular de consumir la información, mi cultura ya no es el “Biombo” que me protege de lo que recibo, y mi cultura ya no me brinda las categorías para interpretar lo que me viene de fuera; mi cultura es poco a poco socabada por lo que consume y ve de fuera. Hemos pasado del feudo al barrio, y del barrio a la sala de Tv, de la sala de Tv al monitor del Computador, donde tengo mas fácil acceso a todo la información que me sea posible recaudar.

A propósito de recaudar, hemos discutido ampliamente sin el consabido TLC con Estados Unidos es de beneficio o no para el país etc, en términos del consumo de cultura, qué es lo que está de fondo cuando queremos pensar que la cultura será un elemento más en la “lista del mercado” para tener que promocionarnos a nosotros mismos, ya que no consumimos ya lo que tenemos al frente, y toca vender a otras personas lo que somos, para ver si en lo que otros conocen y disfrutan de lo que somos, quizá nos veamos y nos reconozcamos allí, en lo que otros interpretan.

Colombia en medio de las dinámicas urbanas y de la apertura a los ámbitos ha aprendido a copiar los prototipos que le llegan de fuera y que han perneado su cultura y hemos una caricatura de los prototipos sociales que nos llegan del otro lado del océano; claro, es obvia la diferencia entre la modernidad o la contemporaneidad que viven los amigos del norte o los europeos, a nosotros (por historia) nos han llegado tarde estas dinámicas y por eso somos un país en vía de desarrollo que en otros términos: un país que apenas aprende a ver como es el mundo de verdad, el mundo tecnificado; claro nos pretenden “desatrazar” el cuaderno, en un ejercicio veloz e insistente de aprender de las otras culturas (que sutilmente nos las presentan como mejores que la nuestra) para ir olvidando la nuestra.

Es claro, una cosa es no aceptar el paso de la historia querer regresar a la edad media; y otra muy distinta, es poder lograr una igualdad en el intercambio cultural para no quedar sometidos al influjo de las culturas mas fuertes que nos pernean, y ya no usan la pólvora para inculcarnos su cultura, sino que a través de la idea de un mundo mejor, de un sueño mejor, nos conquistan de nuevo con espejitos, espejos que nos revelan nuestra imagen real, y nos hacen sentir pena, para querer entonces que nuestra imagen se borre, y que se parezca mas, a la imagen del que vive en ese “mundo” mejor.

Si el asunto está en reconocernos, ¿tenemos necesariamente que llevar a lo audiovisual lo que vemos en vivo y en directo en las calles de nuestras ciudades? ¿ o nos dimos cuenta que existían sicarios en Medellín solo hasta que se estrenó Rodrigo D No Futuro, o la inconciencia se nos acabó cuando La Virgen de Los Sicarios nos dijo que existe un mundo sórdido y escondido en las calles de nuestras capitales, no lo se, solo me parece que preferimos ver nuestra realidad y nuestra historia por las noticias o en las pantallas de cine, y la historia se nos ha convertido en un producto digno de exportación que si bien dice lo que realmente sucede, nos deja en desventaja para mostrarnos ante los de fuera como asesinos despiadados y drogradictos en éxtasis constante, nada diferente de lo que sería el protagonista promedio de las películas norteamericanas, pero en ese caso, él es un héroe que acaba de salvar al mundo con su ametralladora al hombro y sus músculos desproporcionados, nosotros, una cultura sin futuro ni misericordia.

No tenemos salida, debemos jugárnosla en el mercado de la cultura, espero ahí si, nos brote el ingenio característico de esta raza, y esta vez si, saquemos el mejor provecho en el negocio del consumo, en el negocio de la cultura ya no aprendida, sino consumida en el dispensador de cultura que todos tenemos en casa; Televisor.

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