"¿a dónde van los desaparecidos ?"
Canción Despariciones: Rubén Blades
Sin que parezca titular de Periódico vespertino, este título (MUERTE), ya dice demasiado y se ha convertido casi en un sustantivo, en un ser de carne y hueso, que tiene personalidad, que puede ser visto, que es ya casi parte de nuestra naturaleza, de nuestro diario vivir.
Sentimos este título casi tan familiar como el café de la mañana, o como los demás titulares de la prensa, es como si estuviéramos leyendo plácidamente los deportes, “Millos 1, Junior 1” … “ en los enfrentamientos fueron abatidos 13 soldados y 22 Guerrilleros”.
El conflicto armado en Colombia se ha vuelto nuestro compañero de camino, nuestro pan de cada día, el que se nos haga tan cotidiano solo quiere decir que hemos sido envueltos en al vaho de la indiferencia, en lo pusilánime de la resignación.
Creer que se conoce al país, no se debe reducir a recitar de memoria fechas memorables y nueves de abril pasados, de creer que los hechos de violencia en este país solo suceden de la en las comunas, inclusive, creer que vivimos en semejante burbuja, esa en que nos limitamos a la muletilla “pobre gente”.
A mi parecer el conflicto en este país se alimenta del miedo, de la indiferencia, de la resignación de quienes están ajenos a el. No es una guerra de 2 bandos, es un combate de 40 millones de almas que ven día a día sus campos desolados y repletos de ruinas, como diría el salmista “salgo al campo y veo muertos a espada”.
La crudeza con la que se enfrentan los grupos ilegales contra las fuerzas del orden, solo reflejan lo primitivo y bárbaro del corazón asesino de unos y otros, basta solo con ir a las estadísticas menos escrupulosas, nos dirán que ni el holocausto nazi, mostró este teatro dantesco y macabro lleno de mutilaciones, desapariciones, muerte, sangre y lágrimas.
La actitud, ¿cual será? Las respuestas ¿dónde están? La vida se nos escapa por un dedo, si, el dedo que aprieta el gatillo; se nos escapa por los ojos, los ojos del niño que aún pregunta ¿dónde está papá?; se nos escapa en el canto de los pájaros acallado por el tableteo de los fusiles; ¿Adónde ir, si solo nos queda esta tierra hermosa?
Creo que la invitación que se nos hace a reflexionar sobre el conflicto en Colombia es una solicitud unánime a pensarnos como país, de reconocernos en la piel del chocoano, en la fuerza de nuestros indígenas, en la valentía de nuestras mujeres, en los sueños de nuestros niños, en las interminables listas de desaparecidos, en el ruido de los pares de botas que caminan día y noche las trochas de nuestros pueblos.
Debemos reconocer nuestros rostros al mirarnos al espejo, ¿qué vemos? Vemos el hambre que se ve en nuestras calles, vemos las “maromas” que hacen cientos de niños en los semáforos con pelotas y antorchas, vemos la mano sucia que se nos extiende al otro lado de la ventanilla, o solo nos vemos a nosotros, protegidos, libres, sin nada ¿porqué sufrir?
Que veamos en esos rostros golpeados por la violencia la razón de nuestra oración, de nuestro trabajo, de nuestra preocupación, pues poco a poco, creo yo, que los muertos ya no son los que caen en la batalla, sino aquellos que han perdido su nombre, su dignidad, su fe.
Muy interesante tu análisis acerca del Conflicto Armado en Colombia; existe una indiferencia marcada frente a la situación de violencia de nuestro pais, nuestra ciudad, los barrios, se cree que como no nos toca directamente asumimos que no es con nosotros, pero es claro entender que violencia generamos solo con la indiferencia y el ver pasar dia a dia todas las manifestaciones de violencia: el maltrato intrafamiliar, la guerra entre bandas, la baja calidad a los servicios de salud y la falta de acceso a ellos, la vulneración de derechos, la falta de dignidad...tenemos que hacer el conflicto armado conciente y asumirlo como propio en la medida en que cada uno es responsable de generar alternativas saludables y pacificas en su entorno y para los demás...
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