Los medios de información al relacionarse con la educación y las estructuras educativas, pueden dar como resultado un binomio perfecto y de contundentes resultados, o una relación traumática y sin salida.
Los estudios culturales y sociales, han dado cuenta de estas dos posibilidades en tanto que ciertas tendencias del pensamiento han “divorciado” a los medios y a la escuela, y otros han dicho de plano que es insustituible la relación que deben existir entre los medios y la escuela en la necesidad mutua y complementaria para entender y comprender los contenidos mediáticos.
Las dificultades inician cuando más allá de que los medios se hayan convertido en un negocio (siempre lo han sido, o por lo menos se entró en conciencia de ello) la educación también se convirtió en un negocio, pagado al mejor postor y con estratificación siendo la educación una “manofactura” elaborada y con un precio.
El conocimiento se ha convertido en un capital, por ende el que lo posee posee gran cantidad de elementos a favor, que lo posicionan frente a los demás que “conozcan” o sepan menos. Esa allí donde los medios de información, han detectado el peligro o la bondad de la escuela: si usan la escuela y su capital de conocimiento educarán a la población según su conveniencia para inculcar dinámicas de consumo que los beneficiarán ampliamente; o por lo contrario, la escuela se convierte en el espacio de crítica y examen a los contenidos de los medios, convirtiéndose ese capital de conocimiento, en capital de riesgo para los medios, porque poco a poco perderán el espacio de influencia y la escuela haría su tarea real, iluminar, aclarar, abrir espacio de reflexión, y no repetición de conceptos.
Pero por el lado de la escuela hay problemas aún, porque las metodologías de la educación pierden fácilmente el rumbo, y en el establecimiento de los procesos educativos y los planes de formación, diseñan currículos educativos acartonados y muy lejanos de las reales necesidades sociales, y es allí donde la pedagogía cae en el hoyo y se convierte en una idea vaga que no lee las necesidades sociales, que no aporta a los conocimientos que interactúan con los contrastes culturales, para darle razón a la idea mediática del “ocultar mostrando” generando un sofisma de distracción.
Los medios de información, aprovechan la coyuntura que les da lo sensacional y lo espectacular, para con la excusa de informar y revelar primero, se dan el lujo de autoproclamarse los poseedores de la verdad. La “chiva” el flash, el último minuto, no necesariamente trae como apellido la palabra análisis, la palabra mesura, y si a eso le sumamos una audiencia sin conciencia crítica se está cerrando el ciclo álgido del informarse parcialmente y sin conciencia critica, y por eso todos cuando oímos el consabido sonido de última hora, corremos ávidos al televisor a ver y preguntarnos inmediatamente qué pasó? Para presenciar como testigos de primera mano lo que sucede, pero no por una intención de informarnos, sino con un deseo a veces morboso, que se queda solo en la repetición de lo que el presentador de turno lance al aire, y no se profundiza en la veracidad y trascendencia de la información.
El reto se concentra en el buscar alternativas educativas que enseñen a ver y consumir medios de Comunicación, y vincular más a la escuela para que participe y produzca espacios de formación e interacción en los medios.
Los estudios culturales y sociales, han dado cuenta de estas dos posibilidades en tanto que ciertas tendencias del pensamiento han “divorciado” a los medios y a la escuela, y otros han dicho de plano que es insustituible la relación que deben existir entre los medios y la escuela en la necesidad mutua y complementaria para entender y comprender los contenidos mediáticos.
Las dificultades inician cuando más allá de que los medios se hayan convertido en un negocio (siempre lo han sido, o por lo menos se entró en conciencia de ello) la educación también se convirtió en un negocio, pagado al mejor postor y con estratificación siendo la educación una “manofactura” elaborada y con un precio.
El conocimiento se ha convertido en un capital, por ende el que lo posee posee gran cantidad de elementos a favor, que lo posicionan frente a los demás que “conozcan” o sepan menos. Esa allí donde los medios de información, han detectado el peligro o la bondad de la escuela: si usan la escuela y su capital de conocimiento educarán a la población según su conveniencia para inculcar dinámicas de consumo que los beneficiarán ampliamente; o por lo contrario, la escuela se convierte en el espacio de crítica y examen a los contenidos de los medios, convirtiéndose ese capital de conocimiento, en capital de riesgo para los medios, porque poco a poco perderán el espacio de influencia y la escuela haría su tarea real, iluminar, aclarar, abrir espacio de reflexión, y no repetición de conceptos.
Pero por el lado de la escuela hay problemas aún, porque las metodologías de la educación pierden fácilmente el rumbo, y en el establecimiento de los procesos educativos y los planes de formación, diseñan currículos educativos acartonados y muy lejanos de las reales necesidades sociales, y es allí donde la pedagogía cae en el hoyo y se convierte en una idea vaga que no lee las necesidades sociales, que no aporta a los conocimientos que interactúan con los contrastes culturales, para darle razón a la idea mediática del “ocultar mostrando” generando un sofisma de distracción.
Los medios de información, aprovechan la coyuntura que les da lo sensacional y lo espectacular, para con la excusa de informar y revelar primero, se dan el lujo de autoproclamarse los poseedores de la verdad. La “chiva” el flash, el último minuto, no necesariamente trae como apellido la palabra análisis, la palabra mesura, y si a eso le sumamos una audiencia sin conciencia crítica se está cerrando el ciclo álgido del informarse parcialmente y sin conciencia critica, y por eso todos cuando oímos el consabido sonido de última hora, corremos ávidos al televisor a ver y preguntarnos inmediatamente qué pasó? Para presenciar como testigos de primera mano lo que sucede, pero no por una intención de informarnos, sino con un deseo a veces morboso, que se queda solo en la repetición de lo que el presentador de turno lance al aire, y no se profundiza en la veracidad y trascendencia de la información.
El reto se concentra en el buscar alternativas educativas que enseñen a ver y consumir medios de Comunicación, y vincular más a la escuela para que participe y produzca espacios de formación e interacción en los medios.
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