martes, 21 de diciembre de 2010

Con los días que me quedan.

En la postrimería de este año 2010 que va llegando a su final, es pertinente hacer algunas reflexiones que pretendan dar cuenta de cómo resumo este año, como evangelizador, como periodista, como ser humano, como músico, como simplemente yo.
Se empezó el año con la tierra sacudida en Puerto Príncipe, la naturaleza amenazando lo que sería un año de muchas catástrofes, inundaciones, huracanes, terremotos, en resumen, como nunca antes en la historia o mejor de mi corta historia, no había dado cuenta de tantas manifestaciones de la naturaleza, en las que se pudiera hacer una lectura casi profética de lo que sucede, en tanto que la vida propia que la madre tierra tiene, nos alerta de que le estamos haciendo daño, con el excesivo uso de los suelos, la falta de cuidado con los animales, con la deforestación, con el daño a los cauces de los ríos, por construir urbanizaciones de alto estrato, en lugares de alto riesgo; la tierra clama auxilio, y nosotros destruyéndola.
Los meses fueron pasando, y el inclemente tiempo seguía amenazando las aspiraciones de aquellos que pretenden divagar por las sendas del tiempo sin hacer nada, para sumergirnos en el furor de un mundial de futbol en áfrica. Nos pegamos a las pantallas de televisión para ver a los astros del futbol mundial, competir por el trofeo orbital en el deporte más popular del mundo. Partidos fueron, partidos se jugaron y vimos coronarse campeón a una España contundente de buen futbol, y con la garra a flor de piel.
Y estrenamos presidente, un cambio de gobierno como pasar un boleto del cine por una taquilla, un cambio de gobierno como si se cambiara de turno en una empresa en la que el jefe sale a descansar, para dejarle por un momento a un subalterno el “negocio”, aunque con los días, cada vez más el ex presidente enfrenta las consecuencias de algunas desafortunadas decisiones, y el presidente, se debate entre la aprobación popular, separarse de su origen periodístico y consolidarse como estratega de nación.
Y cayeron delincuentes abatidos, y otros fueron capturados, y otros ni se sabe donde están, para reconocer que en esta hora de la patria como decía Alvarito, es innegable que los usurpadores de las libertades y los gendarmes de la violencia, están bastante debilitados, se ve de lejos aún la paz de los campos colombianos, pero en ciertos visos la paz ya no es un imposible, sino un sueño realizable aún sin cálculos de cuándo.
Y vimos por la televisión como renacían de la tierra, 33 hombres que se quedaron atrapados ganándose su pan en una mina en Chile, cuyas reflexiones hice en un texto anterior, cuando exalté a los héroes de Copiapó.
Y se acaba este año con el agua al cuello, con un país inundado, desbordado, accidentado, damnificado. Se hacen teletones y protagonistas de telenovela barata se ganan camionetas de gran formato, y los centros comerciales llenos, pero algunos corazones vacíos.
En el hastío de las discusiones por un mejor salario mínimo, en el que los consabidos 13 mil pesitos que se aumentarán, serán el consuelo y el pan del día, pero por eso nadie protesta o por lo menos nadie pone un cartelito en su ventana para reclamar un salario más digno; pero si suben la gasolina, o suben el aguardiente en Navidad, y antes bien, los carritos de los supermercados salen llenos de garrafas, bien decía el adagio comamos y bebamos, que mañana nos aumentarán el mínimo.
Cómo recibiré el año, con los días que le quedan, con esperanza, sin apasionarme en propósitos trasnochados de 31 de diciembre atarugado de uvas, oliendo al vaho del incienso de 1000 pesos. Mi único propósito será madrugar el 1º de Enero, a orar, a reconocer que Dios es el Dios del tiempo, de los planes y proyectos, que Dios es el Dios que le da sentido a seguir sumando años, para sumar bendiciones.
Con los días que me quedan, seguiré creyendo en la esperanza, seguiré creyendo que Dios me visita todos los días, en su palabra, en la sonrisa de un anciano en el autobús, en el amanecer fresco, en el delicioso desayuno en la mañana, en el beso de mamá, en el cansancio satisfecho del deber cumplido.
Eso haré, en estos días que le quedan al 2010.

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