martes, 2 de noviembre de 2010

ODA TARDÍA A LOS HÉROES DE COPIAPÓ


Esperaron 70 días para ver la luz, y hoy bastante tiempo después, en frío, luego de premios, reconocimientos, y del ya recalcitrante Chi Chi Chi , Le Le Le, ¿dónde estarán los mineros?
Ese clamor desde lo hondo, esa voz que clama ser escuchada, representaba en la persona de los mineros de Copiapó, las miserias y cotidianidades del pueblo de América: el sindicalista, admirado por sus camaradas quienes en su carisma reconocen la voz del que habla por otros para reclamar derechos mínimos para laborar dignamente, para poder poner un pan en la mesa, que con la fuerza de sus gritos, lo que quería decir tal vez era, salimos vivos, para desgracia de quienes prefirieron mandarnos a un turno doble, por la misma paga, un turno de 70 días, cómo diría un amigo que murió hace un par de días, “cansados de que el sudor, no alcance para el pan”
 El deportista, que luego de una carrera bien o mal manejada eso no importa,  tuvo que cambiar los balones y las canchas, y los sudores de partidos ya jugados, por las picas y las palas para extraer el cobre de las entrañas de su patria, en vez de a su edad, disfrutar de las glorias de un deporte casi o más injusto con sus héroes que la más triste historia épica de salvadores de espada blandiente, que terminan con su efigie subida a un caballo de patas alzadas, ensuciado  por palomas.
EL mujeriego, que a ejemplo del más célebre sultán de mil mujeres, representa la insatisfacción del Macho latino, que las necesita a todas, pero no ama a ninguna, y la fiel,  la última, la que lo espera al lado del hoyo, solo recibe una tímida mirada, con el deseo de que “se lo trague la tierra “ porque no encontró otra forma de huir del escarnio por saberse descubierto en su poligamia tácita, y terminar con el chiste flojo de las emisoras de turno, “amor de juro…llevo 2 meses sin verla”
También salió el inmigrante, el extraño de otra tierra que le toca regalarse en otro país para lograr un salario más o menos digno y tratar de sostener su humilde familia, su incipiente novia, sus sueños andinos. Cuántos inmigrantes no ven tampoco el sol, no hace 70 días sino años, trabajando en factorías, plazas, parqueaderos, supermercados, etc, por buscar el sueño del norte, creyéndose gringos, trabajando de sol a sol, por el mismo cochino dólar, esos, no tendrán fénix uno para salir, hasta que la migra los pille, y los devuelva con una bolsa de papel con los interiores del día de su captura, y un número marcado con marcador indeleble en el brazo derecho, como llegan muchos a los aeropuertos centroamericanos, me vienen imágenes de ese avioncito blanco que llega a toncontín, 2 y 3 veces diarias, con esos mineros de las calles estadounidenses, que están allá, arriba, enterrados en vida.
Tambien salió el Romántico, el que se quería casar, el que juraba amor eterno, cuántos enamorados empedernidos como yo, nos vimos en la imagen viva de ese hombre, que en la mujer que ama, en la costillita, podría encontrar el sosiego para pasar un resto de vida con la bendición de Dios, y seguir viviendo bajo el mismo techo y lecho, luego de estar 70 días en la íngrima soledad de una mina. Que vaina no, necesita uno 70 meses en un hueco, para decidir casarse, qué concepto tenemos de familia, si nos venden todos los días, que casarse es echarse la soga, que casarse es meterse a un hueco, necesitamos enamorarnos más, para pensar en ser mejores novios, esposos, padres, necesitamos enamorarnos de ser buenos.
Y salió, entre uno y otro, el buen padre, el buen hermano, el que se reconcilió con el que estaba pendiente, que el seguramente debía plata y ni quería que lo sacaran para que no lo esperara la culebra en la salida, y cómo nuestro pueblo latinoamericano, se vio en las pantallas de la televisión, y cómo cada historia se nos parece a la nuestra, en algo, en alguien, en algún pedazo.
Yo quisiera ser como el último, el capataz, el grande, el verraco, que entrega su turno hasta el final, cuando me encuentre con Dios y le pueda decir, Señor, te entrego mi turno, el turno que me diste para vivir, servir, amar, amarte, creer, evangelizar, caminar, cuidarme y cuidar a los demás que me encomiendas, y poderme ir a la eternidad con la única satisfacción de haber caminado y servido hasta el final.
Yo quisiera orar con ese salmo…para que desde lo hondo de mis mismas miserias, sea el buen Dios, minero de la eternidad, que escarba y escarba en nuestro corazón convenciéndonos de lo bueno que Si somos, y no de lo malo que otros nos convencen, quien me saque de mi mismo, de mi socavón interior, de mi miseria, y me enceguezca con la luz de su amor, de su misericordia.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

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