miércoles, 28 de septiembre de 2011

Tengo Sed de Ti

Salmos 42 
Mi esperanza está en Dios 1 Como ciervo sediento en busca de un río, así, Dios mío, te busco a ti. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo volveré a presentarme ante Dios? Día y noche, mis lágrimas son mi alimento, mientras a todas horas me preguntan: «¿Dónde está tu Dios?» Cuando pienso en estas cosas, doy rienda suelta a mi dolor. Recuerdo cuando yo iba con la gente, conduciéndola al templo de Dios entre gritos de alegría y gratitud. ¡Qué gran fiesta entonces! ¿Por qué voy a desanimarme? ¿Por qué voy a estar preocupado? Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando. ¡Él es mi Dios y Salvador! Me siento muy desanimado. Por eso pienso tanto en ti desde la región del río Jordán, desde los montes Hermón y Misar. Se escucha en los precipicios el eco atronador de tus cascadas; los torrentes de agua que tú mandas han pasado sobre mí. De día el Señor me envía su amor, y de noche no cesa mi canto ni mi oración al Dios de mi vida. Le digo a Dios, mi defensor: «¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué tengo que andar triste y oprimido por mis enemigos?» Hasta los huesos me duelen por las ofensas de mis enemigos, que a todas horas me preguntan: «¿Dónde está tu Dios?» ¿Por qué voy a desanimarme? ¿Por qué voy a estar preocupado? Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando. ¡Él es mi Dios y Salvador!

No existe angustia que pueda superar el consuelo eterno que proviene de la gracia restauradora de Dios. Necesitamos a Dios, aún cuando pensamos que no lo necesitamos, necesitamos a Dios, aún cuándo pensamos que tenemos tomado el mundo por las manos, necesitamos a Dios, sobre todo cuándo necesitamos las respuestas para las preguntas fundamentales para vivir.
Debemos ansiar a Dios, como el único elemento vital para vivir, cómo la única fuerza para seguir.
Asusta, la poca conciencia que tenemos de Dios, a veces creo que somos muy pocos creyendo (aún en medio de nuestras contradicciones) pero la certeza de la mano atenta de Dios, sopesa el mal deseo de suspender la obra, de continuar caminando.
Cómo mostrar más a Dios, cómo sobrevolar los problemas para poder tener una visión más amplia de lo que es el mundo y lo que debemos hacer en Él.
En estos tiempos electorales en los que se feria la conciencia por una teja, un par de ladrillos o un mercado, tenemos un Dios que no necesita de campañas ni pasacalles, un Dios que ha presentado su plan de gobierno desde días incontables, un Dios que ya gobierna, pero que le desobedecemos en una absurda inconciencia y pretensiosa anarquía para emanciparnos de su poder salvador; tiempos como éstos en que en tierra de ciegos, el tuerto es Rey, y preferimos hacer mutis por el foro, antes de ser capaces de defender nuestra Fe, y ser capaces de decir abiertamente en qué creemos, quiénes somos y en qué pensarmos, por eso insisto, Necesitamos a Dios.
Necesitamos a Dios, para creer más en Él y a su vez en nosotros, para hacer una apologética seria de nuestra Fe, para expresar en todos los ambientes (a tiempo y destiempo como dice Pablo) de qué estamos echos, no podemos seguir viendo pasar la historia y sus sucesos, con nuestra impávida mirada, viendo todo desmoronarse.
Necesitamos a Dios, no como un pretexto, sino como un argumento, que sostenga una idea responsable de vivir, un Dios que se ve concreto, actuante y Vivo.
Porqué he desanimarme, si la senda correcta, es la que dirige hacia Dios.
Te necesito Dios, para caminar con pies más firmes.